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Relato: Machada

Martes 22 de Abril de 2003

A finales de los años sesenta yo vivía en Ourense, mi salud en la primavera no era muy buena debido a un fuerte catarro que había contraído durante el invierno, por lo que el doctor Alonso, médico de la familia me recomendó que pasara una temporada en la costa para recobrar la salud.

A finales de los años sesenta yo vivía en Ourense, mi salud en la primavera no era muy buena debido a un fuerte catarro que había contraído durante el invierno, por lo que el doctor Alonso, médico de la familia me recomendó que pasara una temporada en la costa para recobrar la salud.

Decidí trasladarme a Calfate, una pequeña población de apenas cinco mil habitantes, hospedándome en la casa de un viejo amigo de mí padre, un marinero retirado llamado Francisco Carneiro, mas conocido como tío "Santiño". Este hombre tenía un carácter bromista y dicharachero con una cierta tendencia a la exageración, ademas de conocer gran cantidad de historias y anécdotas.

Desde el primer día de estancia en su casa hicimos buena amistad, decía que le recordaba a mi padre en sus años mozos, y el primer consejo que me dio fue que "una taza de vino no le hace mal a nadie". Por lo que me arrastró con el a la "Taberna do Corvo" un lugar al que iba todos los días sobre las ocho de la tarde. Sólo iban marineros y a decir verdad, era un verdadero antro, de haber ido yo solo hubiese tenido que pensármelo dos veces antes de entrar.

Las conversaciones se escuchaban en la calle tan alto era el tono de las conversaciones, el humo del tabaco flotaba como una nube entre las cabezas de la gente, ( Si me hubiese visto el doctor...).

Me senté con el en una mesa larga de madera gastada por el uso, me presentó a sus compañeros y a continuación le pidió "un par de tasas" al tabernero, un sujeto inexpresivo y ceremonioso apodado "Sentencias"

En aquel ambiente cargado de humo y mal iluminado, en aquella lúgubre caverna, tuve que aguantar durante la primera media hora los continuos puyazos y bromas de aquellos lobos de mar, que me tildaron de "Moderno marinero de Ourense", contestando a preguntas del tipo:

- ¿Es cierto que van hacer en Ourense un puerto de mar?. Después se olvidaron de mí y la conversación fue por otros derroteros.

Serían sobre las diez de la noche, casi toda la gente se habia ido a sus casas y los que quedábamos todavía manteníamos un gran vocerío quizás ayudados por las "tasas" que bebíamos con sed insaciable . De repente se abrió la puerta y entro un hombre muy alto y fuerte, pelo blanco mal cortado, cara arrugada como a cuchillo, nos cruzamos la mirada durante un segundo, era brillante, febril y dura de ojos oscuros, el silencio que se hizo en la taberna fue total durante unos segundos, después las conversaciones continuaron pero con un nivel mas bajo.

Se sentó solo en una mesa situada al fondo de la taberna, el tabernero le trajo una taza de vino sin que mediara una sola palabra entre ellos, se quedo allí bebiendo sin hablar con nadie, poco después nosotros nos fuimos.

Camino de casa le pregunté al tío Santiño:

-¿Quien era el hombre de pelo blanco que bebía solo Santiño?

Con la mirada seria, como pensando para si mismo, murmuró. - El Machada...

Hacía mucho tiempo que no lo veía, después de cenar te contaré su historia, triste y trágica como pocas, el día que muera nadie le irá al entierro en este pueblo.

Habíamos terminado de cenar y nos sentamos en unas sillas al lado de la chimenea con unos tazones de café bien cargados, el tío Santiño se puso a liar un cigarrillo de picadura (a el ni hablarle de emboquillado) me pidió la botella de aguardiente que guardaba su mujer Matilde en la alacena de la cocina, y comenzó a contarme la historia de aquel hombre.

- Su verdadero nombre es José Mora, Zê Mora como lo conocían en Sines, donde nació, trabajaba con su padre de marinero, pero no se llevaban bien, las discusiones entre padre él hijo eran frecuentes. Después conoció a María Bandeira una mujer muy guapa y de fuerte carácter, al parecer estudiada. Había estado metida en política desde muy joven, actividad que le llevó a pasar una temporada en la cárcel. El caso es que era una mujer alegre y trabajadora, siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesitase. Vivían juntos, no habían querido casarse y con el paso de los años tuvieron un hijo que cuando tuvo edad iba al mar con ellos en el bote. El chaval no fue nunca a una escuela, no le hacía falta, la maestra era su madre y bastante buena al parecer porque iba muy adelantado para su edad, cuando otros apenas sabían escribir su nombre, el leía y escribía correctamente sabiendo mas de cuentas que el tendero.

Eran muy queridos en el pueblo, hasta que un mal día salieron a pescar en el bote los tres, como hacían a menudo los domingos; estaban haciendo una casita en el acantilado y necesitaban los cuartos. El caso es que no se supo bien lo que pasó, el bote volcó y como estaban solos no hubo nadie que los socorriera, Machada recibió un golpe muy fuerte en la cabeza quedando medio inconsciente rompiéndose además un brazo, la mujer y el hijo desaparecieron en las oscuras aguas. Te puedes imaginar la desesperación de este hombre al verse incapaz de ayudar a su mujer y al hijo, sacar fuerzas para nadar durante una hora hasta tierra y pedir auxilio. Salieron todas las embarcaciones a buscarlos pero no encontraron nada, el mar se los había tragado. Devolvió los cadáveres siete días después muy cerca del acantilado donde estaban construyendo la casita. Allí mismo los enterró pues el cura no permitió que descansaran en suelo sagrado (ninguno de los dos estaba bautizado ni iban a misa), pero creo que a Zê no le importo. ¿Acaso no esta Dios en todas partes?. El carácter del hombre cambió totalmente volviéndose sombrío y sin palabras como lo ves ahora.

Esta parte de la historia no la conoce nadie en este pueblo, yo me enteré por casualidad en una visita a mi compadre de Foz. Íbamos paseando por el acantilado cuando nos encontramos con Machada en aquel estrecho camino, frente a frente, creo que ni me reconoció. Le pregunté a mi compadre si lo conocía, y lo que acabo de contarte fue lo que el me relato.

Santiño se estiró hacia adelante y se sirvió otro trago de aguardiente "El de casa no hace daño" dijo. Tenía la cara un poco enrojecida, parte por el fuego de la chimenea y parte por el aguardiente, pienso. Otra vez se puso a liar un cigarrillo con parsimonía, con una sola mano, habilidad que le había enseñado un miliciano asturiano durante la guerra.

- Siguiendo con lo que te estaba contando, no sé los motivos que le trajeron a este pueblo, el caso es que alquiló la casa del puntal y se estableció aquí. Curiosamente el lugar es muy parecido al paisaje que rodeaba su casa de Portugal. Es como si las tragedias de la vida necesitasen un decorado apropiado. Mandó construir un bote de los que se hacían antes por aquí, y con una tripulación de diez hombres se puso a faenar. Pese a su carácter amargado nunca le faltó gente, siempre pescó muy bien. Habían pasado casi cinco años, cuando una mañana del mes de Octubre salió el bote a faenar, era un día de color gris plomizo, no había casi viento, la mar en calma, me acuerdo bien por que yo estaba abordo. Aquellos botes, no sé si lo sabes, navegaban a vela y a remo, como no había viento tuvimos que remar durante mas de dos horas antes de poder largar el aparejo, a última hora de la tarde habíamos hecho tres lances, pero no habíamos pescado nada, se había levantado un poco de brisa y el cielo estaba cada vez mas oscuro. Machada ordeno largar otra vez el aparejo con la intención de dar un ultimo lance, entretanto el viento iba arreciando, las olas comenzaban a salpicar dentro del bote obligándonos a achicar de vez en cuando. Al terminar de alar, casi una hora después teníamos encima un temporal del carallo e iba en aumento. Con el aparejo abordo izamos la vela y pusimos rumbo a puerto. Machada llevaba la caña, tengo que reconocer que pocos sabían navegar tan bien, las olas alcanzaban ya la altura del palo, pero metía muy poca agua abordo, ni siquiera en la enrasadas. Cerca de la boca del puerto nos dimos cuenta de que al haber muy poco fondo las olas que se formaban rompían con mucha fuerza cerrando la entrada al puerto.

Machada mando recoger una cuarta de vela; después de comprobar que las olas entraban en series de tres, es decir una ola grande y dos pequeñas seguidas por una periodo de relativa calma para a continuación volver otra vez las tres olas. El asunto consistía en entrar después de las tres olas.

Santiño hizo una pausa , y se sirvió otro vaso de aguardiente, fijó sus ojos enrojecidos en el fuego que ardía en la chimenea, no te voy a decir que estábamos tranquilos. ¡El hombre que tiene culo tiene miedo!.Cada uno lo masticaba por dentro, no era la primera vez que entrábamos con mal tiempo en el puerto, pero nunca tan mal como aquella vez.

Escuchamos la voz de Machada rugiendo en medio del temporal.

- ¡Montad los remos para ayudar cuando estemos en la boca o por si tenemos que virar!

Obedecimos como un solo hombre sus ordenes, pensé que era mejor tener un remo en las manos así teníamos menos tiempo para pensar. Enfilamos la proa a la entrada del puerto y nos lanzamos a toda velocidad, estábamos en la boca cuando el bote viró casi en redondo mientras la voz de Machada ordenaba bogar con fuerza, me dí cuenta de lo que pasaba cuando una ola chocó con fuerza en la proa, el bote se escoró inundándose de agua, seguimos remando hasta salir de la rompiente, por suerte tuvimos un momento de respiro que nos permitió achicar el agua utilizando los sudestes(1) de cada uno además de las achicadoras consiguiendo hacer maniobrable el bote otra vez.

El segundo intento fue peor, nos cayó un hombre al mar consiguiendo meterlo otra vez abordo porque se agarró a la pala de un remo. Alejándonos de la rompiente yo sólo pensaba en lo fríos que tenia los pies, cierto que todos ibamos descalzos, en aquellos tiempos éramos tan pobres que no ganábamos ni para comprar unas botas, malamente usábamos unas ropas de agua de tela untada con grasa o aceite.

Preparándonos para el tercer intento de entrada, veía el miedo pintado en la cara de mis compañeros, sólo Machada maldiciendo de pié junto el timón, cada vez mas furioso parecía no tenerlo. ¿Quien oyó que el diablo tuviera miedo?

- ¡Tirad el aparejo por la borda tenemos que aligerar peso al bote, esta vez tenemos que entrar!. Dijo Machada.

- Si Dios quiere esta vez entraremos dijo también convencido Biroque uno de los hombres que estaba a popa .

Viendo para él con rabia, le contesto Machada. - ¡Quiera Dios o el diablo!

Cerqueira, un hombre viejo muy religioso, que estaba detrás de mi, soltó el remo y se puso a rezar hacia el crucifijo que esa misma madrugada había atornillado en la roda. Machada al verle dejar el remo soltó el timón y en dos zancadas saltando por encima de los bancos le gritó en la cara.

- ¿Tú que carallo haces?

Rezar a Dios para que nos ayude a salir de esta. Le dijo Cerqueira.

Machada echando mano al cinturón empuñó el hacha que siempre llevaba encima, a la que debía su apodo, y antes de que nadie lo pudiese detener descargo la hoja en el crucifijo destrozandolo con rápidos hachazos. Creo que todos pensamos lo mismo al ver aquello .¡De esta no salimos! Después agarró al pobre viejo por el pecho y le dijo. -Déjate de rezos y vuelve a coger el remo, si nó sera mejor que reces por tu vida, porque te voy abrir la cabeza y tirarte por la borda para aligerar peso, y esto va también para vosotros.

Con el hacha levantada y la mirada de loco que tenía nadie dudó que cumpliría su amenaza. Cerqueira tampoco, así que agarró el remo temblando como un niño.

Machada mandó largar toda la vela asegurando en doble la escota por si acaso reventaba, el bote salió lanzado hacia delante como un pájaro con laproa hacia la boca del puerto, las olas oscuras batían por todas las partes, clavando los remos en el agua con todo nuestro empeño casi sin darnos cuenta cruzamos la entrada del puerto, estábamos rodeados de espuma pero nos encontrábamos dentro del puerto, desde allí al varadero sólo había un cuarto de milla (quinientos metros aproximadamente). Seguimos remando con todas nuestras fuerzas cuando de repente sentimos como si el bote se levantara en el aire, una ola enorme, dos veces mas alta que el palo nos empujaba en su seno dirigiéndonos a las rocas del sur del varadero sin que nosotros pudiésemos hacer nada por evitarlo. La reacción de Machada fue instantánea, corto de un tajo la escota de la vela y metió toda la caña a la banda de estribor, el bote giró quedando atravesado, escorando y llenándose de agua, la ola nos superó y siguió su camino hacia las rocas, la otra ola que venía detrás era mucho mas pequeña, venía rompiendo por lo que terminó envolviéndonos y volcando el bote muy cerca de las piedras. No sé lo que pasó después, sólo recuerdo que braceaba en el fondo sin saber donde era arriba o abajo, tragaba agua como un condenado, después todo se volvió negro.

Cuando volví abrir los ojos estaba estirado en el varadero boca abajo, vomitando el mar por la boca mientras me golpeaban las espaldas con tanta fuerza que creo que fue eso lo que me rompió las costillas.

A mi me saco el tío Candoria que con otros valientes y buenos nadadores se lanzaron al agua a socorrernos amarrados con cabos para que el mar no los arrastrase a su vez. De los que íbamos abordo murieron dos hombres, los que desde tierra vieron como nos arrastraba la ola pensaron que no nos salvaríamos ninguno. La maniobra de Machada fue acertada, salvó la vida al resto de la tripulación. A pesar de esto la gente no le perdonó aquellas dos muertes, aunque yo creo que en realidad lo que no le perdonaron fue la blasfemia del crucifijo.

Permanecimos lo dos en silencio mirando las brasas de la chimenea, la pregunta me rondaba por la cabeza.

- ¿Cree usted que hubiese matado a aquel hombre si no hubiera cogido el remo?.

- Hombre, pues no lo sé. Esa misma pregunta se la hice a él antes de que se marchara para las Américas, hace casi veinte años, me contesto con otra pregunta.

- ¿No crees que aquel hombre estaba condenando a una muerte cierta a toda la tripulación si todos se hubieran puesto a rezar como el?

- Posiblemente. - Le dije yo, pero no me has contestado a la pregunta. ¿Lo habrías matado? Le insistí.

Se quedo mirando para mi con algo que quizá pudiera ser una sonrisa y dándose la vuelta se marchó, dejándome con la duda para siempre. Después de todo lo que he vivido durante mi vida he aprendido a conocer un poco a las personas, y pienso que Machada era un hombre de otra época, de cuando los hombres eran libres, dueños de sus ideas y sueños, verdaderos responsables de sus actos buenos o malos hasta las ultimas consecuencias. Aquel hombre orgulloso que nunca le había pedido nada a nadie, ni siquiera a Dios. No le pediría perdón a nadie, pagaría su culpa aunque le costase toda la eternidad.

Redactado por lois el Martes 22 de Abril de 2003
Comentarios

muy buen relato,está muy bien!!! enhorabuena.

Enviado por: estaka el Sábado 10 de Septiembre de 2005 a las 04:02
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